Virgen de los Milagros,
Madre que transforma lo imposible en posible,
hoy te doy gracias por este milagro cotidiano:
la benignidad confirmada, la paz devuelta, la esperanza florecida.
Tú que escuchas los ruegos más urgentes,
tú que haces brotar luz donde había sombra,
hoy te honro como intercesora poderosa.
Gracias por haber estado junto a mi hermano,
por haber guiado las manos médicas,
por haber sostenido mi fe cuando parecía quebrarse.
Hoy celebro contigo, Virgen de los Milagros,
y te nombro en mi Cuaderno de Renacimiento
como la que hizo posible lo esperado,
como la que respondió con ternura y poder.
Gracias por este sí a la vida.
Gracias por este sí a la sanación.
Gracias por este sí al milagro.
Amén.

M.D.